Facilitando el acceso al yodo.

Kiwanis da carácter de urgencia a la lucha por cerebros jóvenes sanos.

Desde 1994, Kiwanis International ha luchado contra el trastorno por déficit de yodo (TDY), la primera causa en el mundo de discapacidades intelectuales evitables. Mucho ha sucedido en estos años, incluida la recaudación y la optimización de más de USD105 millones que la familia Kiwanis realizó en una campaña que duró hasta el 2005.

Otro avance reciente es el rol del yodo y la sal ionizada en el desarrollo cognitivo. Estudios recientes han llevado a Kiwanis a enfocarse en la fortificación de alimentos, especialmente en mujeres en edad reproductiva y en los bebés y niños de hasta 5 años. Estos primeros cinco años son cruciales ya que se completa el 90% del desarrollo del cerebro.

“Se trata del desarrollo del cerebro para que los niños puedan aprender cuando vayan a la escuela”, dice Stan Soderstrom, director ejecutivo de Kiwanis International.

Kiwanis actualmente trabaja en la fortificación de alimentos con sus compañeros de la Red Mundial de Yodo, al igual que lo hizo durante la campaña de TDY de 1994-2005.

“La campaña de TDY fue una de las intervenciones públicas de salud más exitosas de las últimas dos o tres décadas”, dice Werner Schultink, director ejecutivo de la organización IGN (Red mundial de yodo, por sus siglas en inglés).

Pero la sal no es yodada en todos los países. La nutrición yodada ha disminuido, a medida que el conocimiento desaparece y la complacencia se establece, lo que debilita la regulación y el control de calidad. 

“A veces las personas hablan sobre la ‘erradicación’ de la deficiencia de yodo, pero eso es un error”, dice Jonathan Gorstein, director del área de nutrición de la Fundación Bill & Melinda Gates y exdirector ejecutivo de la IGN. “Puedes deshacerte de un virus con una vacuna, pero con el déficit de yodo la única manera de detenerlo es con la ionización de la sal en los alimentos. Y esto tiene que perdurar en el tiempo”.

La recolección perfeccionada de datos aclaró la conexión entre la ingesta de yodo en niños pequeños y su desarrollo cognitivo. Estos son algunos de los hallazgos: la adición adecuada de yodo en los alimentos brindó un aumento promedio de 3 a 5 puntos de coeficiente intelectual en niños de edad escolar; la ingesta adecuada de yodo durante el embarazo y la infancia puede aumentar el coeficiente intelectual de 8 a 10 puntos. 

Todo esto tiene increíbles consecuencias para el desarrollo de los niños y para su potencial académico. 

“La educación depende de una buena infraestructura, buenos libros y buenas maestras”, dice Michael Zimmerman, presidente de la junta directiva de la IGN. “Pero, también requiere de un sistema nutritivo básico y Kiwanis puede ayudar”.

Ayudar a los niños a aprender es algo que Kiwanis sabe hacer bien, dice Soderstrom. Por esta razón, la fortificación de los alimentos es un programa excelente para la organización.

“Si lo que nos importa son los niños, desde nuestra misión hasta nuestros ideales fundamentales, esto es algo importante que debemos hacer”, añade. 


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