PUNTOS DE PRESIÓN

Eleven year-old boy at home using a laptop at a kitchen table

Los niños de hoy están demasiado estresados por el uso desmedido de los recursos tecnológicos y la ansiedad por alcanzar el éxito.

Historia escrita por Julie Saetre

Este es el segundo artículo publicado de una serie de artículos que investiga el estrés en los niños. La primera historia, “Prueba sobre el estrés”, apareció en la revista Kiwanis, edición de marzo 2018. El artículo describe cómo el estrés afecta el cerebro de los jóvenes. Puede leerla en línea haciendo clic aquí.

Katie Hurley conoce la rutina. Cada otoño, al comienzo de un nuevo año lectivo también comienzan los llamados de los padres buscando ayuda para sus hijos estresados.

“En el lapso de un mes, mi teléfono no deja de sonar sin parar”, dice la psicoterapeuta de niños y adolescentes y autora del “Manual del niño feliz”, en Los Ángeles (California). “No solo son los estudiantes secundarios que experimentan estrés. Los estudiantes de la escuela elemental están experimentando un alto nivel de estrés”.

Es una tendencia que ha aumentado considerablemente en las últimas décadas. The Royal Society for Public Health (Sociedad Real de Salud Pública) en Londres (Inglaterra) reporta que las cifras de ansiedad y depresión en los jóvenes se ha incrementado en un 70 por ciento en los últimos 25 años, una cifra que, por lo general, deja a los adultos desconcertados. Ellos se preguntan, ¿por qué es tan estresante crecer hoy en día?

“Una de las cosas que escucho continuamente de esta generación de padres es: ‘cuando tenía algún problema, lo resolvía. Lo superaba. Y ahora estoy bien’”, explica Hurley. “Los padres no toman en cuenta que la vida era diferente en 1975 o 1980”.

¿Por qué la vida moderna está estresando tanto a nuestros niños, y sobre todo, qué podemos hacer para ayudarlos?

Resulta que la respuesta a ambas preguntas está en la niñez. Es verdad que los factores estresantes comienzan a temprana edad como también el antídoto eficaz: el juego.

No es de sorprender que los jóvenes de hoy se estresen sobre cosas que a nosotros nos estresan también: la presión por tener éxito, agendas repletas de actividades y el control de la tecnología. La diferencia es que nosotros no nos enfrentábamos a estos agresores a tan temprana edad, como es la etapa preescolar. Es durante esta etapa que los niños reciben el mensaje de que, si no das todo lo mejor de ti, no llegarás a ningún lado.

“Se ha convertido en una olla de presión para los niños pequeños, que aprenden que para tener éxito en la vida hay que ser un triunfador”, dice Hurley. “Y ellos están sufriendo”.

Los padres esperan que los hijos ya estén leyendo al graduarse del preescolar. Una clase de jardín de cinco años es seguida por clases privadas para acelerar el aprendizaje en la lectura y matemáticas. ¿Y para cuando lleguen a la escuela elemental?

“No es inusual ver a los niños que están en tercero, cuarto, quinto grado preocuparse acerca de si han obtenido las notas que necesitan para ingresar a la universidad”, dice Michelle Kambolis, terapeuta de niños y familia y autora del libro “Generation Stressed” (Generación estresada), en Vancouver (British Columbia).

Para incrementar sus posibilidades, los niños aumentan considerablemente sus responsabilidades: lecciones de música, entrenamiento deportivo, clases de arte, sesiones de estudio.

“Están llenos de actividades”, dice Hurley. “No tengo ni uno de mis pacientes niños que tenga un día libre de actividades extracurriculares”.

Si surge un momento de calma en medio de tanta prisa, la tecnología encuentra su camino para llenar el vacío. Puede que sea divertido ver un par de fotografías en Instagram, pero ver fotos de los amigos ganando trofeos, ganando conciertos y anotando goles, solo alimenta la constante presión de tener éxito.

“Ellos ven lo que otros adolescentes hacen y ellos sienten que tienen que ser como ellos”, explica Kambolis. “Ellos no ven las dificultades, el esfuerzo, el estrés, las noches de insomnio. Ellos solo ven imágenes de éxito y perfección”.

Gracias al ciclo de noticias constante, ellos también ven una cantidad de eventos perturbadores. Cuando en febrero pasado un adolescente disparó a los alumnos de una escuela secundaria de la Florida, los estudiantes que estaban dentro del lugar publicaron videos de los compañeros gritando aterrorizados mientras numerosos disparos tronaban en el pasillo. Cada vez que un avión se estrella, una epidemia se origina o un conflicto mundial escala, el teléfono de los niños se enciende con alertas.

“Al minuto en que algo ocurre, nos enteramos y absorbemos esas emociones”, señala Hurley. “Veinte años atrás, nuestros niños no estaban expuestos a cada evento que aparecía en las noticias. Pero hoy, si lo están. El escenario del miedo ha cambiado”.

Esto conlleva a una nueva ola de ansiedad de separación entre los jóvenes. Dos décadas atrás, Hurley veía uno o dos niños al año que se rehusaban a ir a la escuela. En la actualidad, es un problema constante.

“Las personas creen que la ansiedad de separación es algo que le pasa al bebé y que eventualmente al crecer no la sufrirá más. Pero el trastorno de ansiedad por separación es algo diferente”, señala Hurley. “Cuando le preguntas a un niño con trastorno de ansiedad por separación a qué le tiene miedo, el niño dirá que teme a que mamá o papá mueran camino al trabajo. O tiene miedo a morir cuando está en la escuela. Es un miedo real sobre la muerte y la pérdida.

La tecnología también ha creado una forma más insidiosa de tormento. La dinámica de la “chica cruel” no termina al finalizar el día escolar. El hostigamiento en línea persigue al estudiante hasta su hogar a través de las redes sociales, correos electrónicos y textos. El estudio realizado por la Royal Society for Public Health determinó que siete de cada diez jóvenes han experimentado hostigamiento cibernético (cyberbullying).

“Si un niño es acosado en línea o mediante las redes sociales, esto se hace tan público que llega a muchos otros jóvenes, convirtiéndose en algo emocionalmente devastador”, dice Kambolis. “Los signos leves del hostigamiento también se presentan en las redes sociales, al ver que todos los amigos están juntos y el niño no ha sido invitado. Refuerza un sentido de ineptitud”.

¿Pero, qué podemos decir del lado positivo? Recibir muchos “me gusta” en una publicación de Twitter o Instagram hace sentir feliz a una persona, ¿no es así? Bueno, sí, pero…

“La tecnología por lo general puede ser altamente adictiva”, explica Kambolis. “Cuando publicamos algo y obtenemos una respuesta favorable inmediata, aumentan los neuroquímicos en el centro de recompensa del cerebro. Ahora tenemos niños que están muy distraídos. La tecnología está excluyendo actividades que son críticas para el desarrollo holístico – conexiones personales, tiempo al aire libre, actividades físicas – e interviene con nuestra capacidad para funcionar”.

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La lucha contra el estrés ocasionado por ansiedad de llegar al éxito, el exceso de actividades programadas y las dificultades tecnológicas son una tarea difícil. La solución puede encontrarse en lo que solía ser el concepto básico de la niñez: jugar. Y no, eso no significa sentarse en frente de una consola de juegos electrónicos.

En el centro de terapia familiar Harbourside de Vancouver (Vancouver’s Harbourside Family Counseling Centre), donde Kambolis trabaja como directora clínica, la sala de juegos está llena de diferentes objetos aptos para niños: disfraces, suministros de arte, títeres. Pero cuando un paciente jovencito ingresa a su sala por primera vez, la pregunta que generalmente le hace a Kambolis es si tiene videojuegos.

“Cuando se dan cuenta que no tengo, les es realmente difícil saber qué hacer con el material”, dice ella. “Es como si les estuviera enseñando nuevamente a los niños a jugar. Eso me preocupa mucho”.

Por ello, el juego anticuado y sin estructura es esencial para el bienestar de un niño.

“Es fundamental para el buen desarrollo, y en última instancia, para una vida más flexible y con mejor ‘capacidad para manejar el estrés’, dice el Dr. Stuart Brown, fundador del Instituto Nacional del Juego en Carmel Valley, en California.

El instituto sin fines de lucro sirve como centro ambulatorio donde se investigan los efectos del juego, un tema que Brown comenzó a explorar cuando realizó un estudio sobre jóvenes que habían cometido homicidios, incluyendo a Charles Whitman conocido como el francotirador de la torre de Texas, quien llevó a cabo la matanza en 1996.

“Las historias de juego de asesinos y sus opositores (en un grupo controlado) eran altamente diferentes”, dice Brown. La mayoría de los asesinos eran personas aisladas, maltratadas, pobres, había bastantes variables. Pero cuando se suman todas estas variables, el enriquecimiento que se obtiene mediante el juego se pierde. ¿Qué hacen los pequeños si se les da una oportunidad, si están bien alimentados y no estresados?, juegan. Y, si no lo hacen, estos niños parecen tener una gran dificultad  con la coordinación, la función corporal y la socialización.

Mientras Brown estudió casos extremos, cada niño – aún aquellos con padres cariñosos, estables y con una vida segura – necesita el beneficio del juego, dicen los expertos.

“Si un niño tuviera que pasar el día sin tiempo para jugar, ese niño no prosperaría”, dice Kambolis. “El juego es un requisito básico para una niñez saludable”.

“El juego libre, sin estructura ni restricciones es la mejor oportunidad que tienen los niños para resolver situaciones como conflictos, temores y preocupaciones”, añade Hurley. “Los niños usan el juego para resolver algo que los asusta o los molesta”.

Por ejemplo, una niña que con frecuencia necesita atención debido a una condición médica, puede que recree un consultorio o una sala de emergencias y que utilice muñecas para procesar su experiencia. O un niño que esté enfrentando una dificultad en la casa puede que utilice ositos de peluches para modelar la interacción entre la madre y el hijo.

“El juego no estructurado ayuda a los niños a usar la imaginación de tal forma que les permite expresar y explorar su persona”, dice Kambolis. “Es una manera de metabolizar factores y emociones de estrés fuertes. Aparte de eso, jugar empodera. El juego es un medio donde los niños sienten tener el control, ya que en el mundo real la mayoría de lo que hacen está controlado por los demás”.

El juego puede tomar varias formas, dependiendo de las necesidades y del temperamento del niño, dicen los expertos. Algunos niños se benefician más dando un paseo al aire libre con otros niños, ya sea durante el recreo, en el parque o en el patio de su casa. Otros niños, prosperan con actividades más tranquilas y reflexivas como escribir cuentos, dibujar o construir moldes.

Un método único para todos no funciona, y el juego no debería terminar cuando comienza la pre adolescencia y la adolescencia, agrega Brown.

“No todos juegan de la misma manera, ya sea un estudiante de la escuela elemental o mayor. Llegar a un ‘estado de juego’ es fundamental, sin importar cómo el niño llegue. Mientras más juegue, mejor rendimiento, mayor participación y constancia. Y mientras más satisfecho con sí mismo, menos irritable será”.

A menos, por supuesto, que el juego involucre videojuegos, Kambolis advierte.

“Los videojuegos activan la respuesta estresante en los niños. Activan el sistema nervioso de la simpatía e incrementan el cortisol, epinefrina y los químicos del estrés. De hecho, están estresando los órganos de los niños. Si no somos cautelosos sobre cómo usamos la tecnología, ésta puede interferir con el desarrollo del niño”.

Más allá de esa restricción, el juego puede ser tan elaborado o simple como el niño quiera hacerlo. Y los padres no tienen que gastar una fortuna comprando el mayor suministro de juegos educativos o la última novedad en juguetes.

“Puede comprar los mejores juguetes y puede tener la mejor sala de juego llena de ellos, pero con lo que más se divierten los niños son con cartones y cintas adhesivas”, dice Hurley. “A los chicos les gusta crear castillos con sus propios bloques y construir sus propias cosas de la nada”.

Y, a pesar de que suene difícil, los adultos deben resistirse en guiarles el juego en una dirección en particular. Dejar que los niños pongan a prueba sus propios límites, aconseja Hurley. Eliminar todos los riesgos ahora, contribuye a un mayor estrés más adelante.

“Necesitamos saber de qué estamos hechos y de qué somos capaces de hacer”, dice ella. “Hemos estado criando una generación de niños que dice a los adultos: ‘no sé si pueda hacerlo, ¿tú crees que puedo hacerlo? Veinte años atrás, los niños solo lo hacían. Ahora tenemos niños que no se arriesgan. No es ningún misterio cuando un estudiante universitario, de segundo año, se acerca a mi ofician porque ya no aguanta más. Durante su trayecto, alguien le demarcó un camino perfecto, para que no se lastimara, no fracasara y sufriera. Y todo fue fácil hasta que lo tuvo que vivir por sí mismo.


Válvula de escape

Pasos positivos que puede tomar para aliviar la ansiedad del niño

Cuando se trata de los niños y el estrés, pequeñas irritaciones se suman para convertirse en grandes. Ya sea que un compañerito se ha burlado de ellos o la maestra está decepcionada, el niño siente la presión. “Desde el momento que dejan la escuela, puede que sientan entre 20 a 50 micro factores estresantes en el día que realmente se acumulan”, explica Katie Hurley, psicoterapeuta de niños y adolescente.

La buena noticia es que si su club trabaja con jóvenes, puede usar herramientas simples para aliviar parte de esa ansiedad. Intente con estas sugerencias:

  • Cree un termómetro del estrés. Imprima una foto de un termómetro y coloréelo con matices desde el azul (calmo) al rojo (sobrecargado emocionalmente). Pregúntele al niño que tono representa el nivel de su estrés actual y que es lo que sucedió para que llegara a ese color. “Los niños no entienden cómo la ansiedad y el estrés realmente los afecta”, dice Hurley. “Es una gran manera de ayudar a los niños a determinar sus puntos de estrés”.
  • Introduzca la relajación de músculos. Pídale al niño que tense un grupo de músculos (hombros, brazos, manos, pies) durante 10 segundos y luego aflójelos por 10 segundos. Repita el ejercicio un par de veces para calmar la mente y el cuerpo.
  • Estimule la gratitud. Pídale al niño que escriba tres cosas buenas que le sucedieron en el día. “Cuando le enseñamos a los niños a enfocarse en lo que funciona y en lo que deben estar agradecidos, alentamos a que tengan una forma de pensar y vivir más positiva y fuerte”, dice Michele Kambolis, terapeuta de niños y familia.
  • Enséñeles a hablar en forma positiva. “Cuando los niños están estresados, no es inusual escucharlos decir ‘soy tonto’, ‘nadie quiere estar conmigo’”, dice Kambolis. “Le podemos enseñar a los niños… que pueden cambiar esos pensamientos en pensamientos empoderados… entonces ‘soy tonto’ se convierte en ‘sé muchas cosas. Soy muy inteligente’”.

 

 

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