Educando en voz alta

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¿Quiere lograr un cambio positivo en el aprendizaje de los niños? Mejore su desarrollo con la lectura interactiva.

Historia escrita por Julie Saetre

Como pediatra, la Dra. Perri Klass, siempre ha estado en sintonía con las necesidades médicas de los niños. Al percatarse que leerle en voz alta a los niños favorece el desarrollo del cerebro, encontró la manera de usar su especialidad para ayudar a los niños a crear mentes lúcidas y cuerpos sanos.

Klass es la directora médica nacional del programa Reach Out and Read (Conéctese con un niño y léale), una organización sin fines de lucro fundada hace tres décadas en el centro médico de Boston (Massachusetts). Reach Out and Read se implementa durante las citas de chequeo anual para asegurarse de que el niño tenga acceso a libros y para que los padres sepan cómo lograr que esos libros produzcan un mejor resultado en su aprendizaje.

“Un aspecto fundamental del programa es lograr que los niños ingresen al preescolar y al primario conociendo los libros que se les han leído o que han leído con algún adulto”, resalta Klass.

Leerle a un niño hace mucho más que proporcionarle a un padre ocupado un momento de paz en medio de un día de juego caótico. Resulta que las sesiones de lectura realizadas a una temprana edad le brindan al niño un importante desarrollo en las habilidades requeridas para alcanzar el éxito en la escuela y en la vida.

Mother is reading book for her son

“Leerle en voz alta a un niño desde su nacimiento es fundamental para el desarrollo del cerebro, ya que le permite asimilar información nueva, aprender nuevas palabras y perfeccionar las habilidades ya adquiridas”, expresa Michael Hagen, director académico del organismo Scholastic Education.

Por lo general, es difícil recuperar en esta área del aprendizaje a los niños que están académicamente atrasados. Según la organización de investigación Child Trends (Tendencias de los niños) el modo en que los niños utilizan su vocabulario a los tres años predice la capacidad lingüística y lecto- comprensiva a la edad de nueve y diez años. La fundación sin fines de lucro Children´s Literacy, enfocada en motivar a los niños de New Hampshire y Vermont a leer y a escribir, reporta que uno de cada seis niños que no puede leer para el final de tercer grado no se graduará de la secundaria.

No es solo un problema en Norte América. Por ejemplo, las estadísticas de Better Beginnings, un proyecto de alfabetización familiar elaborado por la biblioteca estatal de Western Australia demuestra que el 44 por ciento de los australianos adultos no cuenta con las habilidades de lecto-escritura necesarias para lidiar con el trabajo diario y las demandas de la vida. El Australian Industry Group descubrió que el 75 por ciento de los empleadores dicen que sus negocios se ven afectados debido a la baja tasa de alfabetización.

En el 2014, la Academia Americana de Pediatría aconsejó oficialmente a los padres que comenzaran a leer en voz alta a los niños desde su nacimiento.

“La lectura enriquece y cambia el medio del lenguaje en que los niños crecen”, explica Klass. “Es una de las maneras en que los bebes y los pequeñitos aprenden y comprenden de qué se trata el lenguaje y el poder que tiene, aprendiendo palabras, oraciones y estructuras oracionales”.

Nicole McDermott es la directora de la escuela Pinecrest School, en Annadale (Virginia). Su club K-Kids fue el primero en participar en el nuevo programa de Kiwanis International Read and Lead (Leer y Liderar), en asociación con la editorial Penguin Random House, la cual combina alfabetización con el servicio.

“Leer ayuda de muchas maneras al desarrollo. Aumenta la creatividad, la capacidad de imaginación, el vocabulario y la buena redacción. Y todo esto comienza con la persona que amas, cuando son realmente pequeñitas”, resalta McDermott.

Pero si leer en voz alta es bueno – y claramente lo es – la entonación que se realiza durante la lectura puede hacerla mucho mejor. En 1988, Grover “Russ” Whitehurst, líder en la investigación y políticas de educación en los EE.UU. y a nivel internacional, introdujo el concepto de lectura dialógica. Explicado de manera simple, cuando se utiliza esta técnica, el adulto no sólo le lee al niño que escucha de manera pasiva; por lo contrario, el adulto alienta al pequeño a participar de la historia, creando así una experiencia interactiva.

Mixed race woman and daughter reading

Whitehurst y otros compañeros de investigación probaron la lectura dialógica en niños de entre 21 y 35 meses de edad y descubrieron que las familias que aplicaban esta técnica lograban que los niños estuvieran de 6 a 8,5 meses mas adelantados en el área de lectura que aquellos niños que participaban pasivamente en un grupo controlado.

“Es increíblemente poderoso para los niños que están aprendiendo a leer poder participar”, señala Klass. “Esa interacción puede hacer que un niño de hecho haga preguntas, responda preguntas complejas o hasta ayude a leer la historia”.

Whitehurst resumió la técnica como diálogo secuencial o secuencia PEER (por sus siglas en inglés):

Motivar al niño a que diga algo sobre el libro. (“¿Qué es esto?”, mientras señala el dibujo de un camión de bomberos)

Evaluar la respuesta del niño. (Si el niño dice “camión”, el adulto responde “Si, correcto”)

Expandir la respuesta del niño parafraseando y agregando información. (“Es un camión de bomberos rojo”)

Repita la indicación para asegurarse de que el niño ha aprendido la información expandida. (Puedes decir “Camión de bomberos”)

Whitehurst aconseja leer un libro nuevo de manera más tradicional la primera vez, luego usar la técnica PEER en las lecturas siguientes. Esta técnica funciona mejor si se alternan las lecturas con el método tradicional y el dialógico, utilizando una variedad de directivas para mantener el interés del niño.

Para que los niños participen en una historia es necesario el entusiasmo por parte del lector, resaltan los expertos.

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“Anímese y lea con voz graciosa”, aconseja Klass. “Use una voz chillona para imitar al ratón y una voz grave para imitar al monstruo. No quiere sonar serio, quiere que el niño se ría, le diga lo que va a suceder o que recite las rimas junto con usted. Desde el punto de vista del desarrollo, a la edad de 18 meses o dos años los niños comenzarán a completar rimas si se les ha leído en voz alta.”

Ofrecer una selección de libros apropiada para su edad y dejar que el niño elija cuál libro leer aumentará la experiencia de la lectura. Elegir un libro, le da al niño un sentido de control, asegura que la historia sea atrapante y abre las puertas a un nuevo mundo, algo que los pequeños lectores solicitan constantemente.

“El treinta y un por ciento de los niños de entre seis y diecisiete años quieren leer libros que los transporten a lugares y mundos donde nunca han estado”, informa Hagen de Scholasatic, “y el 22 por ciento prefieren libros que los ayude a imaginar y comprender cómo viven otras personas. Los niños están buscando oportunidades para ampliar su conocimiento”.

El brindar una amplia selección de libros también impulsa un sentido de inclusión y pertenencia en los niños, agrega ella.

“Es importante que todos los niños, sin importar su contexto cultural, intereses o código postal, se vean reflejados en los libros”.

Desafortunadamente, no todos los niños tienen acceso a los libros. Según Scholastic, el cuarenta y seis por ciento de las maestras y directores dicen que el acceso a libros de ficción y/o no ficción en el hogar, no está adecuadamente disponible para sus estudiantes. Para los niños que viven en áreas marginales, la cifra aumenta al sesenta y nuevo por ciento. Asimismo, la organización Reach Out and Read reporta que las familias que viven en la pobreza tienen menos probabilidades de leerle a los niños en voz alta. Esto se traduce a un menor rendimiento académico, advierte Fisrt Book, una organización con sede en Washington D.C., que trabaja para crear una igualdad de acceso a una educación de calidad. El grupo reporta que el setenta y nueve por ciento de los estudiantes de cuarto grado, provenientes de familias de bajo recursos, no lee de forma competente.

“Una de las mejores cosas que puede hacer un adulto – ya sea un padre, tutor o socio kiwanis, que se preocupa por los niños – es asegurarse de que todos los niños tengan acceso a los libros”, expresa Hagen. “¿Puede organizar un viaje en grupo a la biblioteca pública, crear bibliotecas temporales en la peluquería o en lugares de adoración, recaudar fondos para brindar al menos un libro a cada niño para leer durante el verano? Mientras más oportunidades los niños tengan de interactuar con una variedad de textos de calidad, auténticos y de gran interés, mejor será para su desarrollo”.

Y a pesar de que es tentador pensar que la tecnología cuenta con la llave para expandir el acceso a los libros – un dispositivo, infinitas opciones de textos – los libros con ilustraciones tienen una ventaja clave sobre su competencia moderna.

“Para que los niños pequeños que leen un libro de tapas te hablen, el poder está en activar a un padre”, señala Klass. Es una interacción que incluye historias, lenguaje e información, es el diálogo y el adulto mostrándole al niño cuán grande e interesante es el mundo”.

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Dicha relación de colaboración no debería detenerse una vez que el niño puede leer solo, a pesar de que ello sucede bastante seguido. Scholastic reporta que los adultos dejan de leerle en voz alta a los niños después de los cinco años, y luego nuevamente después de los ocho años. Cincuenta y nueve por ciento de los niños – entre el nacimiento y los cinco años – escuchan libros leídos por los adultos en el hogar; esta cifra disminuye al treinta y ocho por ciento entre niños de seis y ocho años. Sólo el diecisiete por ciento de los niños entre nueve y once años escuchan a sus padres leerles libros.

“El premio por aprender a leer no debería ser que los adultos dejen de leerle al niño”, advierte Klass. “Es lo más cercano que el niño tendrá de que un adulto lo aliente a seguir un poquito más allá de donde podría ir en la historia, la narrativa y la información”. Depende de los adultos asegurarse de que la lectura siga siendo un pasatiempo apreciado.

“Los padres son la fuente número uno de aliento para que los niños lean libros por diversión”, expresa Hagen.

Los adultos deben dar el ejemplo leyendo libros por placer e información. Klass sugiere fijar un horario libre de pantallas en la que todos los miembros de la familia apagan teléfonos, computadoras y televisión y se ponen a leer, ya sea de manera individual o en grupo. Si el niño necesita ayuda para elegir algún libro que le guste, consulte a los profesionales. Hagen dice que el cincuenta y un por ciento de los niños obtienen de las maestras y bibliotecarias títulos de libros que les interesa.

“La mejor manera de asegurarse de que los niños sigan leyendo es encontrar – o que ellos encuentren – algo de lo que ellos quieren saber, algo que los mantendrá despiertos toda la noche, leyendo debajo de las sábanas con una linterna”, remarca Klass.


 

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