Epidemia de sarampión

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El Padre Pedro Opeka posa en la foto con los niños de Akamasoa, Madagascar.

Los kiwanis austríacos responden al brote en Madagascar.

Historia escrita por Jack Brockley

Es un escenario demasiado familiar en Madagascar: un desastre acecha la isla, las enfermedades se esparcen y la gente muere… la mayoría niños.

El año pasado, cuando los ciclones acecharon las zonas costeras en marzo, el Padre Pedro Opeka sabía lo que se venía. Como fundador de Akamasoa – una comunidad que ayuda a las familias que viven en las calles y en los basureros de Antananarivo, capital de Madgascar – él ha presenciado, en las últimas tres décadas, la relación que existe entre los desastres naturales y las enfermedades en un país donde las familias viven en áreas congestionadas, se oponen o no pueden costear los costos de las vacunas, o se rehúsan a buscar asistencia médica hasta que es demasiado tarde tratar la enfermedad.

“Cada año hay brotes de alguna plaga y cólera”, dice Opeka.

El año pasado, sin embargo, los ciclones dejaron por su camino un brote de sarampión. A pesar de que por lo general es una enfermedad benigna, la misma se esparce rápidamente y se convierte en epidemia. Se reportaron cerca de 117.000 casos, según la Organización Mundial de la Salud. Más de 1.200 personas murieron, de las cuales cerca del 80 por ciento eran niños menores de 14 años.

Treinta y nueve de esas personas que murieron fueron niños de Akamasoa. En respuesta a la epidemia, los kiwanis del distrito de Austria – un seguidor desde hace tiempo de la misión de Opeka – donó 10.000 euros para asistir con la inmunización, los tratamientos y las medidas de prevención.

“La mayor crisis ya terminó”, Opeka escribió al distrito de Austria el marzo pasado. “Pero demasiadas personas están viviendo en espacios demasiado reducidos… Cada año, la temporada de ciclones causa epidemias que, con recursos limitados, son casi imposible de controlar”.

El marzo pasado, el Vaticano reportó que el Papa Francisco visitaría Madagascar en septiembre. Crux, un diario en línea destinado a las noticias relacionadas con la Iglesia Católica romana, mencionó la “supuesta” intención del Papa de visitar Akamasoa.

En el 2005, Kiwanis International otorgó a Opeka la Medalla World Service por su devoción hacia “los más pobres de los pobres”. Akamasoa ha sido un beneficiario de los subsidios del Fondo de Kiwanis por los Niños.


 

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