REFUGIO CULINARIO

Los Kiwanis suizos subsidian una cocina administrada por refugiados y que ofrece mucho más que un plato de comida caliente y capacitación. Brinda un sentido de comunidad y esperanza.

Artículo escrito por Julie Saetre • Foto de Clara Tuma Photography 

La pintoresca ciudad de Basilea (Suiza) ubicada junto al rio Rin, parece diseñada a la medida para postales y blogs de viajeros. Conocida como la capital cultural de Suiza, Basilea cuenta con unos 40 museos, lugares de artes escénicos y una reconocida arquitectura moderna e histórica.

Una de las más reconocidas es la estación de tren SBB, construida en 1854 y remodelada a principios del 1900. La misma se encuentra ubicada en el centro de la ciudad de Basilea y es considerada como “el mundo reservado para los viajeros”. Sin embargo, en el siglo XXI, también se ha convertido en el paraíso de los compradores ya que está lleno de negocios, cafés y agencias de servicio (aseguradoras, casas de cambio, agencias de viaje y mucho más).

Escondido detrás de la bulliciosa estación fronteriza, en una pintoresca estructura de dos pisos, se encuentra otro restaurante del área: el Restaurant du Coeur. Dentro de su acogedora cocina, una diversa colección de chefs crea un tapiz de cocina internacional: platillos de Turquía, Túnez, Italia, Grecia, España, Oriente Medio. Trabajan armoniosamente, de manera eficiente y amigable.

Pero detrás de la destreza culinaria, de la camaradería compartida y de las cálidas sonrisas se esconde un torbellino de confusión, lucha e incertidumbre. Los chefs del Restaurant du Coeur son refugiados que han huido de sus países de origen debido a problemas políticos, la pobreza y la guerra. Con la ayuda del Club Kiwanis de Basel-St. Alban, estas personas aprenden habilidades muy valoradas en esta ciudad culta, con la esperanza de que algún día puedan dejar atrás el pasado y establecerse como ciudadanos.

La Kiwanis, Claudia Adrario de Roche, es su más firme defensora. Basilea es el lugar perfecto para Adrario de Roche. Nacida en Austria, estudió canto y arqueología y viajó por Europa ofreciendo conciertos en grandes ciudades como: Bruselas, Colonia, Londres, París. Pero, ella es muy consciente de las personas que viven en las sombras de la ciudad y el ayudar a satisfacer sus necesidades es lo que alimenta su pasión por el servicio.

Claudia Adrario de Roche

En el 2005, la estación de tranvía SBB comenzó a atraer no solo a los compradores locales y a los turistas sino también a las personas marginadas que buscaban refugio de la lluvia, la nieve y el frío que trae el invierno suizo.

“De inmediato, comenzaron los conflictos entre los viajeros, el personal de seguridad y las personas sin techo”, recuerda Adrario de Roche.

Mientras que algunos sólo querían que los mendigos buscaran refugio en otro lado, Adrario de Roche quería marcar una diferencia.

“No se puede echar a nadie sin mostrarles el camino”, dice ella. “Este enunciado es tan simple como verdadero. Podemos calmar los conflictos si les ofrecemos una solución a las personas marginadas; es decir, si les encontramos un lugar donde sean bienvenidos”.

En el 2006, Adrario de Roche se unió a otras dos mujeres y fundaron Soup and Chill (Sopa y Relajación), ubicado a unos cien metros de la estación de tren. 

“Alquilamos un cuarto terrorífico, ya que no teníamos dinero para uno mejor, y abrimos las puertas del lugar. El nombre Soup and Chill lo dice casi todo: las personas reciben comida y un lugar para pasar unas horas sin estrés y sin los peligros que existen en la calle”.  

De noviembre a marzo, Soup and Chill está abierto durante cuatro horas todas las noches, brindando café, te, jugo y sopa a todos los visitantes. A cambio, los huéspedes ayudan a preparar la sopa y las bebidas, a servir y a limpiar el lugar. Todos lo hacen siguiendo las tres reglas de Adrario de Roche: “Sin sexismo, sin racismo, sin violencia. Todas las personas son bienvenidas si respetan el lema y se comportan de forma respetuosa con los demás”.

Mucho antes de lo esperado, ya había reclutado la ayuda de su compañero Kiwanis, André Eschler, el fundador del club Kiwanis de Basel-St. Alban.

“Quería que nuestro club fuera más conocido en Basilea por abordar las deficiencias sociales presentes en la comunidad”, recalca. “El club se ha dedicado totalmente al proyecto Soup and Chill”.

Cada día de invierno, Soup and Chill acoge a más de 100 personas en un lugar más placentero. En el 2012, los amigos del club Kiwanis de Basael-St. Alban donaron muebles y equipamiento de cocina para mejorar el lugar. 

Pero, Adrario de Roche no iba a detenerse ahí. Ya que la cocina y el comedor no se usan hasta las 15:00 h, y no se usan para nada durante los meses de verano, ella decidió contactar a otro grupo necesitado: los refugiados.

Wabi in the kitchen

En el 2019, 14.269 refugiados solicitaron asilo en Suiza. Ellos provienen de Eritrea, Afganistán, Turquía, Siria y otros países en crisis. Una vez que llegan, generalmente se encuentran en el limbo, con muchísima burocracia y limitaciones de empleo.

“Las leyes de asilo, y por lo tanto la oportunidad de los jóvenes para encontrar empleo, son bastante difíciles – y difíciles de comprender – en Suiza”, explica Adrario de Roche. “Los que buscan asilo deben esperar la primera decisión judicial, luego la segunda y esto puede tomar años. Durante el período de espera, los refugiados no pueden trabajar. Sin embargo, mientras mas tiempo pasan sin trabajar, mucho más les cuesta adaptarse a las normas de trabajo”.

Una vez más, se propuso buscar una solución. En el 2016, ayudó a fundar el restaurant Restaurant du Coeur. Para noviembre del 2017,  el “programa social culinario” había sido reconocido por los cantones de Basel Stadt y Baselland como un programa de empleo para los refugiados. Se permite que los refugiados trabajen en el restaurante bajo la supervisión del personal permanente, pagado por el grupo privado “Freunde von Soup&Chill”. Los refugiados reciben un salario mínimo pagado por los cantones. 

“Los refugiados que llegan a Europa/Suiza traen con ellos sus recetas y talentos para cocinar y presentar hermosos platos a sus amigos y huéspedes”, dice Adrario de Roche. “Muchos refugiados han recorrido un trayecto largo para salir del infierno de la guerra o de sistemas no democráticos, y obvio, para encontrar un mejor estilo de vida”.

Refugiados como Selam, quien huyó con su esposo de su país de origen, Eritrea, solo para ser separada de él, en el desierto de Libia. Después de cruzar a Lampedusa, una isla frente a la costa del sur de Italia fue violada, quedó embarazada y luego perdió el bebé mientras atravesaba Italia continental. Después de trabajar en un café en Venecia durante dos años, se enteró que su marido había llegado a salvo a Basilea. Se reunió con él allí y comenzó a trabajar en el Restaurant du Coeur dos semanas más tardes.  

Refugiados como Bircan, una mujer turca que viajó a Suiza con su hija que quedó parapléjica después de un bombardeo en Siria. Bircan es conocida como una de las chefs más talentosas del Restaurant du Coeur, y su salario la ayuda a mantenerse y costear con los gastos de su hija. 

De lunes a viernes, el Restaurant du Coeur sirve en el almuerzo: sopa, ensalada, platillo principal, y postre preparado por los refugiados. Los ingredientes de los platillos provienen de un programa de intercambio de alimentos cuyo propósito es distribuir los suministros excedentes que de otra manera se desperdiciarían. El menú siempre cambiante no tiene precio, los comensales eligen cuánto donar a cambio de la comida.

Aparte de honrar el talento culinario de los chefs, los refugiados también reciben instrucciones en alemán y capacitación en áreas claves como catering, manejo correcto de los alimentos, puntualidad, estándares de servicio y dinámicas en el lugar de trabajo.

“El trabajo es lo principal en todo comienzo”, dice Adrario de Roche. “El trabajo crea estructura, interacción y la oportunidad de demostrar el talento de la persona, brindando aceptación y éxito”.

Su teoría ha sido comprobada. Los lugareños, atraídos por la deliciosa variedad de platillos y la calidez de quienes los preparan y sirven, han convertido al Restaurant du Coeur en un famoso lugar de almuerzo para negocios y placer. Las empresas reservan la sala para las reuniones corporativas u ordenan comida para llevar. Las familias celebran eventos especiales en el Restaurant du Coeur.

El proyecto no recibe ningún tipo de subsidio gubernamental y las donaciones no cubren todos los gastos. Por lo que Adrario de Roche está buscando otras formas de asegurar que el proyecto sea un éxito a largo plazo. 

“Esperamos poder crear un sistema de patrocinio para que podamos ayudar a las personas a independizarse sin poner en peligro las finanzas del restaurante”, explica. El club Kiwanis de Basel-St. Alban se ha comprometido en ayudar. Y todos pueden apoyar a este proyecto”.

Esto es clave no solo para el futuro del restaurante y de los refugiados, sino también para propiciar un acercamiento de las personas, en un mundo diverso que a menudo está profundamente dividido. 

“Estamos contentos con el éxito de este proyecto, pero lo que es aún más importante es la filosofía detrás del mismo. A toda la gente le gusta probar comidas de diferentes países colocadas en una tablilla. No existen restricciones ni barreras. Una tortilla española queda deliciosa con un tzatziki de Grecia. El pan árabe sabe riquísimo con un puré de aceitunas. 

“Si es posible unirlos en una tabla de comidas, ¿por qué no es posible aceptar las diferencias culturales en la vida real? ¿Por qué es tan difícil apreciar que somos diferentes?


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