Una ola de esperanza

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Cerca de 90 estudiantes fueron rescatados del techo de la escuela elemental Nakahama, completamente inundada. La escuela es virtualmente todo lo que queda del vecindario.

Luego de haber sufrido tres desastres en uno, Kiwanis Japón se enfoca en un área especial: la educación.

Historia y fotos de Jack Brockley

A los 15 años de edad, la vida de Souta Sasaki progresaba. Mañana 12 de marzo de 2011, él se graduaría de la escuela intermedia Shizugawa. Iría a la escuela secundaria Kesennuma y luego a la universidad.

Pero hasta ahí llegaron sus planes.

“Estaba en la escuela intermedia”, cuenta Sasaki. “No tenía todo mi futuro planeado. Solo sabía que quería volver a casa.

¿Por qué?

“Porque amo a mi ciudad”.

A las 14:26 horas del 11 de marzo de 2011, Sasaki se sentó en su escritorio de la escuela ubicada en la cima de la colina. Con el inicio programado para el día siguiente, él y sus compañeros estaban acomodando los papeles que les acababa de entregar el maestro. Aproximadamente a 80 km al este, a 29 km bajo la superficie del océano Pacífico, una enormeplaca tectónica se deslizó. Partes de la superficieterrestre de la isla Honshu se cayeron. La NASA calculó que el desplazamiento pudo haber acortado la duración de cada día en aproximadamente 1,8 microsegundos.

El Gran Terremoto en el este de Japón (The Great East Japan Earthquake) es uno de los más poderosos que ha golpeado a ese país. Generó olas, algunas de las cuales alcanzaron cerca de los 30 metros, lo cual provocó una fusión nuclear en la Central de Energía Nuclear Fukushima Daiichi. El triple desastre es conocido por todos como la tragedia del 3.11. Según la Policía Nacional de Japón (Japan National Police Agency) más de 15.000 personas murieron. Más de 2.500 permanecen desaparecidas. 3.11 cambió la manera en que Japón se prepara para los terremotos y tsunamis.

Asimismo, este desastre interrumpió la rutina educativa de los estudiantes del área. Y esta es la razón por la cual y la manera en la que Souta Sasaki y Kiwanis se conocieron.

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El edificio del departamento de Gestión de Crisis de Shizugawa quedó casi completamente sumergido por las olas del tsunami. De las 53 personas que lograron subir al techo, 10 sobrevivieron.

A minutos de ocurrido el terremoto las sirenas sonaban de un lado al otro del puerto, y la voz calma pero fuerte de Miki Endo retumbaba en la cima de la colina diciendo: “¡Alerta! Se acerca un tsunami. Diríjanse a las áreas más elevadas”. (Endo murió en la estación cuando el agua arrasó con fuerza el edificio de tres pisos del Departamento de Gestión de Crisis).

Los videos filmados, desde el punto estratégico de la escuela intermedia, muestran como los vehículos aceleran alejándose de la costa y como hay filas de personas trepando los escalones de concreto para llegar a la escuela, la cual se encuentra ubicada en el punto más alto del lugar. El mar se precipita fácilmente sobre la pared del puerto, de dos pisos de altura, e inunda la ciudad. Las casas se desintegran a medida que chocan unas con otras. Vehículos y camiones se deslizan en el furioso río de ruinas. En una de las escenas, el agua alcanza las ruedas traseras de un autobús que sube en dirección a la escuela por un camino en zigzag. El vehículo se bambolea, pero las ruedas encuentran tracción y el autobús logra escapar.

Sasaki no vio nada de eso. Los estudiantes debían permanecer dentro hasta que el agua retrocediera.

“Había fuego por todos lados”, es lo primero que recuerda cuando vio Shizugawa. “Estaba muy frío y nevaba”.

Sus padres vinieron a su mente de inmediato.

“Pensé que mi madre posiblemente había muerto”, dice. “Ella era maestra de jardín en una escuela cercana a la costa. Me imaginé que mi padre estaría a salvo porque su escuela estaba más alejada “.

Los estudiantes de la escuela intermedia permanecieron en el salón de clase durante tres días. Sasaki y su madre, Chika, se reunieron cinco días más tarde. Su padre, Takayoshi, estaba desaparecido. Un año y cuatro meses más tarde, su cuerpo fue descubierto e identificado—otra víctima de una de las tragedias más tristes de este desastre. En la escuela elemental de Okawa, en donde Takayoshi enseñaba segundo grado, 74 estudiantes murieron o desaparecieron. Diez de los once maestros murieron.

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Mediante la fusión de dos escuelas destruidas, se creó la escuela elemental Miyano Mori en febrero de 2017, casi seis años después de la tragedia del 3.11.

Aturdido por su pérdida personal, Souta Sasaki deambuló entre los escombros de su amada ciudad. Se ofreció como voluntario para ayudar a los demás sobrevivientes en un refugio temporario, establecido en el gimnasio de la escuela elemental Shizugawa. Allí es donde conoció a Ayumi Ogusu, una voluntaria proveniente de Tokyo. Ogusu rápidamente entendió los efectos que el desastre tendría sobre los estudiantes y la educación de los mismos. Era una preocupación que ella compartía con los socios kiwanis del área.

“Al principio, los niños vivían en refugios temporarios donde también vivían las maestras”, cuenta Yoshiaki Sato del Club Kiwanis de Sendai. “Cuando fueron trasladados a las viviendas temporarias, estaban tan alejados los unos de los otros que era imposible ayudarlos. El tsunami interrumpió sus vidas, y perdieron el hábito de estudio, no solo en Shizugawa sino también en otras áreas afectadas”.

Para poder resolver este problema, Ogusu creó TERACO, un centro de aprendizaje donde los estudiantes podían estudiar y prepararse para acceder a la escuela secundaria, a la universidad o a otros trabajos. Al principio los niños vivían en refugios, por lo que TERACO se estableció ahí. Cuando las familias fueron reubicadas en viviendas temporarias, el Hotel Kanyo les dio habitaciones a los estudiantes de TERACO. A medida que las situaciones de vivienda cambiaban, una donación de Kiwanis le permitió a TERACO construir una biblioteca temporaria cerca de las escuelas de Shizugawa.

“Gracias a las generosas donaciones de todo el mundo, Kiwanis Japón y el Club Kiwanis de Sendai recibieron directamente más de medio millón de dólares estadounidenses, inclusive una donación del Fondo Kiwanis para los Niños”, cuenta Sato. (Este acto generoso inspiró tanto al distrito, que el 100 por ciento de sus clubes decidió apoyar al Proyecto Eliminar.) “El Distrito de Japón y la Fundación Kiwanis de Japón establecieron el Fondo Conjunto de Clubes Kiwanis, administrado por los Clubes Kiwanis en las áreas afectadas: Sapporo, Sendai, Fukushima y Chiba.” (El club Sendai creó su propio fondo y cuenta con una página web en donde informa la distribución del dinero de ambos fondos: sendaikiwanis.jp/eng. Muchas escuelas, por ejemplo, no podían financiar actividades extracurriculares. Kiwanis llenó el vacío reemplazando el equipo deportivo, organizando espectáculos musicales y teatrales y apoyando programas de estudio después de la escuela.)

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Sasaki estudiaba en TERACO en forma regular. Allí conoció a estudiantes universitarios voluntarios. Ellos hablaron con Sasaki sobre su futuro y lo alentaron para que asistiera a la universidad Miyagi University of Education. Hoy él visita su hogar con frecuencia -ubicado aproximadamente a 97 km de Sendai – para enseñar a los niños.

También, se certificó como vocero de prevención de desastres. Él dirige excursiones a sitios de desastre y habla a los grupos sobre el 3.11. A través de las redes sociales Sasaki se conecta con miembros de familias que también perdieron un hijo o un padre en la Escuela Elemental de Okawa.

“Todos realmente intentan aceptar lo que les pasó”, dice Sasaki. “Perdieron sus hogares y familiares… pero ellos siguen vivos. Están decididos a hacer lo que sea necesario para hacer frente a su pérdida y para recordar a sus seres queridos”.

Sasaki también recuerda. Su padre, cuenta él, era respetado por sus alumnos y compañeros de trabajo. Como hijo de Takayoshi, su recuerdo favorito es cuando iba de viaje con su padre a las aguas termales de la región. Sin embargo, nunca había visitado la escuela en donde enseñaba su padre. Ahora, la visita a menudo.

El pasado mes de febrero, durante una tarde fría y de fuerte viento, Sasaki llevó a un pequeño grupo de socios Kiwanis y grupos de medios de comunicación al lugar ubicado a lo largo del río Kitakami. Allí les mostró el aula en donde enseñaba su padre. Solo queda una barra de refuerzo vertical, torcida y quebrada, como prueba de que alguna vez hubo una pared exterior ahí. Hablaron sobre la calle de acceso cercana, donde los niños y sus maestros intentaron en vano buscar refugio del agua que avanzaba rápidamente.

Antes de realizar la excursión, Sasaki se detuvo en un santuario. Otros visitantes habían dejado estatuillas de Buda, plantas, inciensos y otras cosas. En silencio y con la cabeza inclinada, Sasaki presentó sus respetos a los niños y a los adultos que habían muerto allí. Es un ritual que realiza en cada una de las comunidades que visita afectadas por desastres.

“No podemos olvidar”, dice Sasaki. “Cada generación necesita recordar lo que sucedió ese día, para que podamos estar preparados y evitar así que esto vuelva a suceder”.a suceder”.

Esta historia apareció originalmente en la edición de agosto de 2017 de la revista Kiwanis.


 

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